¿Indignación selectiva? II

¿Indignación selectiva? II

(Sobre los ambientalistas).

En mi columna pasada hablaba de este mismo fenómeno pero enfocado hacía el gremio de la información y el activismo alrededor de la protección de los medios de comunicación. En este sentido, también fueron mencionados los defensores de derechos humanos y en general de quienes buscan regenerar el tejido social a través de su oposición directa al sistema económico y al Estado.

Sin embargo también existe otro sector en lucha que tiene poca visibilidad en la sociedad y en los medios, un sector que busca defender algo más allá de lo meramente humano, es decir, lo natural, los elementos y recursos de los que es rico el territorio nacional; me refiero a los defensores del medio ambiente.

Realmente son pocos los medios que le dedican sus espacios de manera sistemática al análisis de los conflictos socio-ambientales si es que estos no están patrocinados por ONG o incluso empresas reconocidas. Es así que los problemas de esta índole que pertenecen a comunidades pequeñas, aisladas o sin un elevado nivel de desarrollo urbano, quedan en manos de protectores locales que pelean del tú a tú contra verdaderos monstruos empresariales que buscan explotar sus recursos, a veces a toda costa.

Es conocido que en las zonas urbanas los protectores de la naturaleza se enfocan en la protección de pequeñas especies, por lo general mascotas, y la defensa de las pocas áreas verdes que existen en las grandes urbes, y aun así, no siempre con resultados positivos. Es por esta razón que los defensores de medio ambiente son vistos por una gran parte de la población como románticos que luchan por causas prácticamente perdidas o, incluso, hasta poco prácticas.

¿Qué acaso los mexicanos no pelean por sus recursos?

México es un país cuya economía, como la mayoría de las economías latinoamericanas, depende del sector extractivo, de las materias primas. De este sector el rubro más destacado es por mucho el petrolero. Es por ello, amén de la concepción mitificada del crudo dentro de la sociedad nacional, que en el momento en el que se planteó la posibilidad de privatización y apertura del mercado del petróleo nacional, que una multitud de voces se alzaron para protestar y exigir al gobierno federal la defensa de los recursos del país.

Sin embargo, no hubo ni ha habido la misma pelea por el resto de los recursos de los que nuestra nación es rica, y es en este punto donde retomo mi cuestionamiento del artículo anterior: ¿por qué defender tan aguerridamente al llamado oro negro, causante de contaminación marítima, aérea y terrestre del petróleo y de sus derivados y no otros recursos igual o incluso más valiosos que éste?

Empero los defensores de estos recursos existen aunque no sólo son pocos sino que además su labor a veces ha sido minimizada; pese a ello no se han dejado intimidar por las tremendas empresas trasnacionales a las que les plantan cara, y es precisamente esto, el enfrentarse a grupos poderosos (que en muchas ocasiones se sirven de sobornos y negociaciones ilícitas para conseguir concesiones) el motivo por el cual su seguridad y hasta su vida se ven amenazadas.

Según la organización internacional Global Witness, a través del reporte denominado ¿Cuántos más? indicó que en América Latina el año pasado fueron asesinados 88 defensores ambientales, de estos, tres eran mexicanos. Ellos eran: Ramón Corrales, que se opuso a la minera china Paradox Global Resources en Sinaloa, fue encontrado muerto el 22 de mayo, Antonio Esteban Cruz, que se interpuso a proyectos hidroeléctricos en Cuetzalan y fue muerto el 4 de junio, así como Atilano Román, defensor de los desplazados de la presa Picachos, en Sinaloa, asesinado el 11 de octubre.

Este informe expresa datos tan reveladores, como que el 40% de los defensores ambientales pertenecen a algún pueblo indígena, y que el total de homicidios perpetrados contra este sector representa el doble que periodistas asesinados alrededor del mundo, llegando a ser dos por semana en promedio durante el 2014, siendo una limitante para su protección el hecho de que los crímenes ocurren en zonas alejadas de los sistemas de comunicación. El reporte también asegura que México es el octavo país donde más se violan los derechos de los ambientalistas así como la existencia de una marcada criminalización del activismo (se le considera una oposición al desarrollo), aunque “los verdaderos artífices de estos crímenes generalmente se libran de las investigaciones, pero la información de la que se dispone indica que, detrás de la violencia, generalmente se esconden grandes propietarios de tierras, intereses comerciales, actores políticos y agentes del crimen organizado”, destaca.

En el particular caso mexicano, los defensores de derechos humanos pugnan por defender cuatro sectores importantes.

El conservacionista, este se enfoca en proteger a las especies animales y vegetales endémicas y pertenecientes a los ecosistemas locales, así como la preservación sus hábitats, buscando un equilibrio entre la naturaleza y las actividades humanas.

El minero, por una importante participación de capitales extranjeros en la extracción de los diferentes metales que tienen vetas en nuestro país (oro y plata principalmente).

El hídrico, por la expansión de la industria hidroeléctrica, la sobreexplotación de cuerpos de agua y la contaminación de diversas industrias.

Y el agrícola, dónde destacan temas como el uso de transgénicos y pesticidas, así como el constante uso de tierras destinadas a la siembra por grupos del narcotráfico, y siendo éste último el más importante puesto que representa el consumo alimenticio diario México y además la producción que se destina para exportación.

Mención aparte merecen los defensores del aguacate mexicano, en años anteriores el aguacate llegó a tener tal fama que en Estados Unidos se llegó a aseverar que un Superbowl sin guacamole no era Superbowl. El nivel de exportación de este fruto a todo el mundo llamó la atención de grupos criminales, que adhirieron la cosecha de aguacate a sus empresas dejando a los productores sometidos al crimen organizado, conflicto aunado al ya conocido problema que representaban los denominados coyotes o intermediarios que reducían sus ganancias a prácticamente nada.

Así pues, vale la pena volver a hacernos cuestionamientos sobre lo que defendemos, porque ninguna lucha es menor y ningún rubro merece menos reflectores, porque lo humano y lo natural están presentes en nuestra realidad y posiblemente de la protección de lo segundo dependa nuestra propia persistencia en el mundo tal y como lo entendemos.

Indignémonos, sí, pero indignémonos de tal modo que nuestras voces no se pierdan y los ecos se vuelvan algo tangible; creando redes, sembrando acciones, nombrándoles a todos.