La tragicomedia del deporte mexicano

La tragicomedia del deporte mexicano

“¡Pan y circo!” Profieren algunos cuando un tema asociado al deporte nacional destaca demasiado en los medios, y si bien es cierto que el deporte se ha ligado casi irremediablemente a la industria del espectáculo, a veces es percibido sólo como un distractor de las masas y no como actividades que reflejan un importante grado de desarrollo humano.

Sin embargo, a veces la realidad resulta irrebatible, para ilustrar esto nada mejor que lo sucedido a últimas fechas con respecto al tema de la Selección Mexicana de Futbol. Desde su deplorable participación en las copas América y Oro respectivamente que sólo dejaron suspicacias en la afición por posibles casos de corrupción, hasta la gresca que protagonizó su entonces director técnico, Miguel Piojo Herrera, que se volvió tendencia al agredir físicamente a un comentarista en el aeropuerto de Chicago tras la finalización del evento.

Y aquí es dónde lo deportivo deja de ser prioridad. Todos los medios nacionales le dieron cobertura a esta nota, todos los programas noticiosos, de revista y deportivos comentaron esta situación en sus diferentes espacios, los diarios replicaron esta situación, por la red circularon numerosos memes haciendo alusión al tema; sin embargo esto tuvo su correspondiente eco entre los sectores críticos que hicieron cuestionamientos sobre por qué algo tan aparentemente anodino ocupaba la atención de la gran mayoría de la sociedad mexicana, al grado de que conceptos como “cortina de humo” y “caja china” pretendieron neutralizar el tema, sin darse cuenta que al mismo tiempo reproducían la oleada de interés y debate respecto a algo que si bien ponía sobre la mesa asuntos sustanciales había terminado por convertirse en una telenovela más. Posteriormente a lo sucedido, la Femexfut actuó con puntualidad, cesó al entrenador y trató de dar por terminada la discusión aludiendo a la ética y la deportividad. Sin embargo, todo esto pareció responder a lo mismo, se resolvió rápido porque tenía demasiados reflectores encima.

Nada de lo anterior ocurrió con otros sucesos de índole similar, y es que días antes se dieron un par de situaciones penosísimas a las que no se les dio ni la solución ni la misma visibilidad del tema futbolístico. Me refiero al caso de la nadadora Fernanda González y de la esgrimista Úrsula González Garate durante su participación en Juegos Panamericanos Toronto 2015. Dichas atletas tuvieron sendos conflictos con los representantes del Comité Olímpico Mexicano y su respectiva federación, la primera horas antes de su participación fue amenazada con ser vetada de la competencia así como el retiro de por vida de su acreditación por el simple hecho de no querer usar el traje de baño que las autoridades pretendían imponerle pues alegó que no le quedaba y por ende mermaría su desempeño. Por otro lado, la esgrimista fue notificada minutos antes de que iniciara su competición que no había sido registrada y por ende no podría participar en dicha justa. Poco se supo del caso de estas dos atletas, los medios deportivos lo mencionaron “de pasada” y la opinión pública no se pronunció en las redes sociales ni desató su indignación contra los responsables. Empero, lamentablemente esto no es nuevo, situaciones similares pasan más seguido de lo que parece siendo los deportistas lo más afectados.

¿Por qué los mexicanos no están interesados en el deporte?

Yo no me atrevería a afirmar que a los mexicanos no les gusta el deporte, al contrario, hay una gran afición no sólo al futbol, también la hay del futbol americano, el box o el béisbol. Así mismo, México es y ha sido cuna de talentos en diversas disciplinas y estos han emocionado a millones de personas a lo largo de la historia, sin embargo hay algunas actividades que no son tan consideradas como en el caso de los deportes olímpicos, por ejemplo, pese a que nuestro país ha obtenido medallas en infinidad de ocasiones, un sinnúmero metales áureos, records mundiales, reconocimiento internacional de connacionales destacados, algo sigue faltando. Y es que pareciera que para el mexicano promedio, en eventos como mundiales de especialidad, Juegos Panamericanos o Juegos Olímpicos no importa tanto el individuo sino los números, es decir, no les atrae tanto el desempeño de un nadador, una gimnasta o un equipo de canotaje sino la cantidad de preseas que apunta el medallero porque no se encuentra precisamente familiarizado con la disciplina o con los atletas, sino con la bandera y la representación de México como país.

Todo esto sucede debido a una carente cultura deportiva, la formación de talentos resulta casi un lujo bajo un sistema educativo tan erosionado como el nuestro, el apoyo a los atletas cuesta y en la mayoría de los casos no se ve al deporte como una profesión sino como un mero hobby que no aporta nada productivo, y aquí un error garrafal, el desarrollo deportivo es una de las aristas más importantes en la formación de una sociedad. El deporte funge como indicativo de desarrollo de una nación vemos casos como el de la extinta URSS, Cuba y más recientemente China, que en su momento le dieron un lugar predominante al deporte junto al cultivo de las artes y las ciencias

Por otro lado vemos a las grandes potencias mundiales impulsando este rubro, tal es el caso específico de nuestro vecino del norte, EEUU otorga becas deportivas para sus mejores Universidades, atletas que aseguran su futuro invirtiendo en su preparación deportiva para no tener que desfalcarse pagando los altos costes que tiene la educación superior en aquel país. Y es que entienden bien al deporte como negocio, bien lo saben los cazadores de talento, una beca es un pago justo para un atleta que puede llegar a generar ingresos altísimos para alguna de sus ligas y federaciones, la NFL o la NBA por mencionar a las más destacadas, son millonarias industrias de talento cuyos patrocinadores no escatiman en mantener actualizada y con los mejores individuos para obtener ganancias inmensas, por conceptos como el de publicidad, principalmente.

Medios y patrocinios

Lo cierto es que si nadie paga sus patrocinios los medios no siempre se sienten en la obligación de incluirles en sus espacios en la magnitud que merecen o necesitan. Grandes como lo fue en su momento Ana Gabriela Guevara en atletismo o lo es hoy Paola Longoria en raquetbol tienen detrás agentes que han sabido manejar su imagen y apostaron por brindarles todo el apoyo posible para que su capacidad, su dedicación y su disciplina atrajeran los reflectores y a su vez la visibilidad pudiera ser proyectada en distintos ámbitos que les generaran ganancias. Entendamos que para el sistema en el que nos desenvolvemos todo se trata de dinero (aunque suene a chiste de internet) y si algo no genera réditos es poco probable que se le tome en cuenta. De esta manera es que el futbol sigue siendo la joya de la corona del deporte nacional, la cantidad de patrocinios con los que cuentan alientan que tengan notoriedad y que, de este modo, las aficiones crezcan y resulte un negocio redondo. Es por esto que el tema de El Piojo Herrera tuvo tal visibilidad, no había quien no hubiera mínimamente oído hablar de él o lo haya visto promocionar alguna marca o bien, siendo objeto de crítica por usar su imagen de figura pública más allá de lo futbolístico (como ocurrió con el caso de los comerciales del PVEM en las pasadas elecciones intermedias).

Así pues, para que el deporte deje de ser una tragicomedia, un circo o una simulación, se requieren inversión, formación y apoyo, los deportistas deben exigir voz y voto para elegir a las autoridades deportivas, que estas sean competentes y entiendan las necesidades específicas de cada disciplina, no reductos de la política que el gobierno no sabe dónde acomodar, como es el caso de Alfredo Castillo (actual director de la CONADE y antiguo comisionado de la seguridad en Michoacán de dónde no salió bien parado) así como poder gestionar los recursos y la negociación con patrocinadores, dar asesoría a la formación de planes de educación física en las escuelas que tanto se requiere en un país con los preocupantes niveles de obesidad infantil que tenemos, y finalmente la capacidad de empoderarse dentro de una sociedad que llega a ver a los deportistas como distractor de otros problemas sociales en lugar de agentes generadores de cambio.