Urge protección real a periodistas y personas defensoras de ddhh

Urge protección real a periodistas y personas defensoras de ddhh

Cuando me senté a escribir esta colaboración no sabía acerca de qué escribir, sobre qué dar mi opinión. Primero pensé hacerlo sobre la muy reciente desaparición del IEEPO y la consecuente –y muy necesaria, diría yo- movilización de la CNTE en Oaxaca; luego pensé escribir sobre la situación de riesgo que viven las y los defensores de derechos humanos en México, esto hubiese sido oportuno porque un grupo de organizaciones de la sociedad civil de varios estados de este masacrado país acaban de hacer público un diagnóstico sobre el pésimo funcionamiento y la ineficacia del Mecanismo de Protección para personas defensoras de derechos humanos y periodistas (en adelante solo Mecanismo).

Finalmente, escribo porque ayer nos enteramos que Rubén Espinosa, fotoreportero chilango, avecindado durante mucho tiempo en Veracruz, fue asesinado junto a 4 mujeres en un departamento de la colonia Narvarte en el Distrito Federal, una de ellas ya ha sido identificada como activista chiapaneca, tambiéna avecindada en Veracruz, Nadia Vera.  Rubén reporteaba principalmente sobre movimientos y protestas sociales; sin embargo, de un tiempo para acá, se involucró mucho en la exigencia de justicia para sus colegas asesinados en Veracruz, lo cual le causó seguimientos, acoso e intimidación de hombres desconocidos pero también de policías estatales, razón por la que salió de Veracruz y llegó al DF en calidad de refugiado. Autoexiliado.

Llegó al centro del país porque, hasta entonces, el DF era considerado un remanso de relativa calma y seguridad para las y los periodistas y defensores de derechos humanos perseguidos en sus estados. Hoy nos queda claro que ya no lo es.

En junio de 2012, fue publicada la Ley Federal de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas (LFPPDDHP), que ordenaba la creación del Mecanismo. Por supuesto y como casi siempre, ésta ley surgió no como fruto del honroso esfuerzo legislativo de nuestros diputados y senadores, sino como una conquista, un logro del trabajo de exigencia, investigación y cabildeo de un grupo de organizaciones que defienden, protegen y promueven los derechos humanos. Llevan más de tres años exigiendo al gobierno mexicano medidas de protección adecuadas para garantizar la seguridad de las y los defensores, de los periodistas comprometidos, para garantizar el derecho a defender derechos humanos, exigiéndole que haga su chamba, pues. Espacio_OSC es el nombre de este grupo de organizaciones.

Desde entonces, y hasta ahora, el Mecanismo no ha funcionado, no ha dado un solo paso bueno sin dar 10 malos. Las críticas al Mecanismo giran en torno a todas las etapas de su funcionamiento, mencionaré algunas que me parecen las más graves en función del riesgo al que exponen al defensor/periodista:

-Los criterios de ingreso, de donde se deriva la categorización de quién es una persona defensora de derechos humanos o periodista y quién no, por supuesto, según sus lineamientos institucionales. Ha habido casos que no han querido aceptar por determinar que la o el defensor tiene nexos con la guerrilla, sin mayor investigación de por medio; me parece que, en caso de que pudiera comprobarse a algún defensor su relación con algún grupo guerrillero, ello no desestima su actuar como defensor de los derechos y la dignidad de las personas.

-Realización de análisis de riesgo: superficiales y muy básicos. Estos resultan imprescindibles pues ayudan a determinar el nivel de riesgo a que se encuentra expuesta la persona defensora o periodista, y no realizarlo con la sensibilidad adecuada puede aumentar significativamente el riesgo.

-Medidas de protección. La elección de éstas es en función a los resultados arrojados por el análisis de riesgo, pero vaya, si éste fue realizado superficialmente, ¿cómo podrían ser adecuadas las medidas? Una vez que se deciden, la implementación es casi imposible debido a la burocratización y falta de voluntad política de la Secretaría de Gobernación, casi siempre se resumen a inútiles botones de pánico e inservibles teléfonos satelitales.

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Ruben Espinosa denunció, hace casi dos meses, que hombres acechaban su domicilio de día y de noche, que lo seguían, que lo miraban y le hacían señas intimidatorias. En septiembre de 2013, Espinosa denunció haber sido agredido por policías estatales, mientras cubría el desalojo de los profesores adscritos a la CNTE, de la Plaza Lerdo en Veracruz. Silvia Pérez, defensora indígena oaxaqueña, fue atacada por más de diez personas que rodearon su casa y amenazaron con matarla, debido a su trabajo acompañando y defendiendo mujeres víctimas de violencia doméstica. Fray Tomás, fraile franciscano defensor de migrantes centroamericanos ha recibido amenazas de gobiernos locales y estatales y del crimen organizado. Jade Ramírez es una periodista que se ha enfrentado a actos de intimidación como llamadas y correos electrónicos donde la amenazan de muerte, intervención telefónica y electrónica, acoso, todo ello derivado de sus trabajos de investigación en derechos humanos y problemáticas sociales. Estos son algunos ejemplos de periodistas y personas defensoras de derechos humanos que han sido visibilizados y tienen impacto mediático, pero existen decenas y decenas de defensores y periodistas que no tienen este respaldo y así llevan a cabo su trabajo. La labor que desempeñan todas estas personas no es prescindible.

El cruel y cobarde asesinato de Ruben y sus cuatro acompañantes, sucede en un momento en que no hace sino comprobar una vez más y con el más triste botón, que el Mecanismo de Protección del gobierno federal es una absoluta farsa. Este gobierno no tiene interés alguno por proteger a todas ésas personas que han decidido levantar la voz y realizar acciones contra la multiplicidad de injusticias que se cometen todos los días en nuestro país.

En un país como México, con una severa crisis de gobernabilidad, una latente y sangrienta guerra entre grupos del crimen organizado, con una crisis de legitimidad entre las fuerzas de seguridad, una continua y sistemática violación de los derechos humanos, con niveles tan escandalosos de corrupción e impunidad, resulta imprescindible encontrar los caminos para garantizar la seguridad de las y los defensores de derechos humanos y de todos ésos periodistas que salen todos los días a buscar la nota y exponer su vida por el simple hecho de denunciar las irregularidades del gobierno mexicano en todos sus niveles, en todas las entidades. Quizá, como ciudadanos de a pie, un primer paso es exigir, de todas las formas posibles, respeto a nuestros derechos, a nuestra dignidad y a nuestra vida. La chamba se antoja lejana, casi imposible, pero alguien tiene que hacerla, por algo se empieza. Roma no se hizo en un día, dice la sabiduría popular.

Al final, sobre Rubén Espinosa, sólo diré que no, no se trata de volverlo un mártir, pero sí de reconocerlo como una víctima más de este sistema fallido. No se trata de, sólo ahora que fue asesinado, enaltecer su trabajo como fotoperiodista; me parece que en vida gozó de cierto reconocimiento que su trabajo merecía, como la fotografía de Duarte que Proceso usó de portada hace meses, una imagen que, como todas las buenas fotografías, genera chingo de sentimientos, en ése caso, repulsión, rabia, asquito y odio. Su cobarde asesinato nos arrebata a un fotoperiodista talentosísimo, pero también a un activista comprometido y congruente. Que su asesinato no quede impune, que su lucha no quede trunca, que su muerte no sea en vano.

 

Con información de:

Comisión Mexicana para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos

Mecanismo Federal de Protección a personas defensoras y periodistas sin respaldo financiero ni voluntad política http://bit.ly/1MEWWDp

Campaña “Haz que se vean” http://hazquesevean.org/